Desde el balcón central del Palacio de Gobierno, en la ciudad de Matanzas, el Comandante Fidel Castro se refirió al pueblo congregado en el céntrico Parque de la Libertad el 7 de enero de 1959: “Aún nos queda algo de energía y de voz para saludar al pueblo de Matanzas. Lo único que no me gusta es que este balcón está muy alto y yo estoy muy lejos de ustedes, yo quisiera estar más cerca de ustedes.”
Según versión taquigráfica de las Oficinas del Primer Ministro, el Comandante expresó: “…ese pueblo sin armas, sin tanques, sin cañones, sin aviones, solo con el coraje, con la dignidad y con el valor, aunque ha tenido que pagarlo en un precio muy alto de vidas, arrebató a la tiranía sus fusiles, sus tanques, sus cañones, sus aviones…
“Yo quisiera orientar al pueblo, o al menos aclarar ante el pueblo algunos conceptos sobre la Revolución.
“No había otra forma; si queríamos recobrar nuestros derechos y queríamos hacer una revolución de verdad, teníamos que empezar por quitarles los fusiles a aquellos que estaban utilizando los fusiles para oprimir al pueblo.
“…el pueblo ha visto los cañones desfilar hacia La Habana, y sabe que esos cañones son del pueblo…”
El historiador Arnaldo Jiménez de la Cal explica que el discurso del Comandante por momentos se convirtió en conversación con los asistentes y del diálogo emergieron proyectos renovadores y urgentes para mejorar la salud, el deporte, el servicio de acueducto…
Con la impresión de que no había quedado ni una sola alma en las casas de Matanzas Fidel aseguró: “…debo decir también al finalizar, que estamos contentos, que estamos satisfechos, que nos vamos llenos de reconocimiento y de admiración hacia el pueblo de Matanzas, que nos vamos más revolucionarios, que nos vamos más optimistas, que nos vamos más seguros del porvenir de nuestra patria.
“El destino para Cuba tiene que ser grande, porque nuestro pueblo se ha puesto en marcha.”
Hoy, desde el balcón donde Fidel conversó con los matanceros aquel 7 de enero de 1959 se vislumbra un renovado Parque de La Libertad, plaza de cotidianidad reanimada por el aniversario 325 de la primera urbe moderna de Cuba, símbolo donde cada día transita un pueblo todavía en marcha.


