El 7 de enero de 1959, al arribar a la ciudad de Matanzas la Caravana de Libertad con el líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, el pueblo yumurino se congregó frente al Palacio de Gobierno, en el Parque de la Libertad para darle la bienvenida.
Ya avanzada la noche Fidel hizo uso de la palabra de una manera diferente a la de los políticos de años anteriores, al dialogar con el pueblo que planteó sus problemas más apremiantes.
Lo primero solicitado por la multitud fue la necesidad del acueducto, después varias voces pedían a la vez y Fidel señaló que hablara uno sólo para entender, es entonces que surgió la petición de rescatar para Matanzas el estadio Palmar de Junco, toda una reliquia para el país y que se encontraba en estado ruinoso.
Rápidamente el Comandante en Jefe dijo que “era bochornoso que una ciudad de tanta historia no tuviera su campo deportivo en buenas condiciones” y exhortó a los dirigentes del Movimiento 26 de Julio a conseguir los servicios de ingenieros, arquitectos y 50 jóvenes de la organización para iniciar esta obra, ofreciendo diez mil pesos de los fondos del Movimiento con ese fin.
Sin embargo, hubo que esperar algún tiempo debido a trámites legales de compra del estadio a la que aparecía como su propietaria, la señora Matilde Moenk.
En medio de esa demora, Fidel seguía al tanto de los pormenores y en una reunión efectuada en el mes de octubre en la delegación matancera del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, INRA, aprovechó la presencia de varios dirigentes de la provincia y conversó con el delegado de Obras Públicas en aquel momento y el presidente del Patrimonio local para trazar la estrategia de compra y arreglo de la instalación.
El 25 de noviembre de 1959, tuvo lugar la materialización de la adquisición del estadio por el Gobierno Municipal y el día 4 de diciembre regresa Fidel a Matanzas en gestiones de trabajo, entre las que estaba el chequeo e inicio de las labores constructivas en el Palmar de Junco.
Un día después, el comandante Universo Sánchez al frente de una brigada integrada por 80 soldados del Ejército Rebelde, emprenden la tarea de remodelación y el 6 de febrero de 1960 reinauguran el estadio con un juego de la Liga Profesional Cubana entre Almendares y Cienfuegos, que constituyó marca histórica de asistencia de público en aquellos momentos, ya que pagaron sus entradas más de ocho mil personas.
Aquella petición del pueblo matancero cumplida por Fidel en tan temprana fecha del triunfo del Ejército Rebelde, fue la primera obra deportiva rescatada en el país por la Revolución.
El Palmar de Junco, la instalación beisbolera en activo más añeja del mundo, declarada Monumento Nacional en 1991, rinde homenaje a los grandes peloteros matanceros de todos los tiempos en su Salón de la Fama y posee una sala dedicada a Fidel, como agradecimiento a su aporte para mantener viva esta instalación y por su contribución al desarrollo del deporte cubano.


